viernes, 5 de diciembre de 2014

VIOLENCIA PSICOLÓGICA EN ITESO

Problematizando la violencia psicológica en el ITESO

Entendemos la violencia como una disfunción y un modo de expresión, a los ojos propios algo que no es normal a pesar de la normalización generalizada de la práctica en ciertos sectores sociales. La percepción es un elemento muy importante también a la hora de delimitar lo que es de lo que no es, y como percepción de alguna manera puede entenderse como “realidad” en la cabeza de quien emanan dichas respuestas a tales o cuales estímulos (sin referirnos al enfoque conductual), la dinámica social da por sentadas prácticas o elementos sin preguntarse qué hay de fondo.

En tiempos recientes, la comunidad universitaria ha estado en un contacto cercano con este fenómeno. Tanto eventos dentro del propio campus, como el Vive ITESO, hasta eventos de magnitud nacional, como el caso Ayotzinapa, han abierto los ojos de muchos y encendido alarmas. En el caso de lo experienciado dentro del campus, se ha denotado una tendencia al ejercicio de la violencia psicológica que ha crecido paulatinamente. Con el objetivo de hacer visible que la comunidad del ITESO vive violencia psicológica en el día a día y en las relaciones diarias, así como el dar paso a la reflexión sobre esta situación normalizada dentro de este contexto.




Abordando la problemática

Para fines de una pertinente contextualización del asunto que nos atañe, hemos de definir qué es violencia psicológica:

“La violencia psicológica no es una forma de conducta: se trata de un conjunto heterogéneo de comportamientos, en todos los cuales se produce una forma de agresión psicológica. En todos los casos, es una conducta que causa un perjuicio a la víctima. Puede ser intencionada o no intencionada, es decir, el agresor puede tener conciencia de que está haciendo daño a su víctima o no tenerla (Martos, 2006).

Y es que esto es algo arraigado. Escudriñando en la historia y en la psicología nacional y elaborando a partir de elementos de la cultura -y de la forma tan especial en que hacía-, Octavio Paz (2011) atribuye el origen de la “chingada” a tiempos de la Conquista. Es una idea sumamente interesante. El español, como conquistador, se posiciona como “el chingón”, mientras que el mexicano, o la mexicana, nativos, son, somos, “el chingado”. El papel de la mujer aquí es aún un poco más significativo, por aquello de la tendencia a emplear la figura de ella antes que la de él en muchas frases de nuestro rico léxico tan lleno de folklor (“¿Cómo estuvo?... A toda madre”; “¡Hijo de la –y no “del”- chingada!”, entre otros ejemplos). Esta sumisión se ha visto tan integrada y culturizada en el individuo que tiene también su qué-ver en el asunto.

Es ineludible afirmar que tiene un impacto, y este impacto tiene consecuencias negativas. ¿Cómo me afecta a mí y a los demás? La violencia generalmente se reproduce como consecuencias de ciclos transgeneracionales, a tal grado que se ve reflejada directamente como una característica del individuo que la ejerce, puede pasar a formar parte de su identidad. La identidad es lo que uno es, el conjunto de rasgos y características que nos son propios y nos definen. Es nuestra formación, conformación y construcción. Se puede visibilizar mediante el uso del lenguaje, nuestras formas de socialización, en nuestra apropiación o concepción del conocimiento y de la cultura, en lo que hacemos, el cómo, cuándo, dónde, con quién, por qué y para qué lo hacemos. Podemos tener más de una identidad, tener identidades, por ejemplo: una cultural, una social, una familiar, una académica.

En este apartado, Judith Butler tiene mucho que decir. Butler (2004), defensora del término “performatividad”, refiere que la teoría fenomenológica de los "actos", adoptada por estudiosos como Husserl, Merleau-Ponty y Mead, entre otros, intenta “explicar la manera mundana en que los agentes sociales constituyen la realidad social por medio del lenguaje, del gesto y de todo tipo de signos sociales simbólicos”. Esto va dirigido a los actos conformativos: lo que digo, lo hago, lo que pienso y lo que siento, en el espacio y en el tiempo determinados, y en la forma en que esto se expresa, construyen a la persona.

Otro lente desde el cual entender el tema es a través del concepto de las representaciones sociales. Estas son, en palabras de Moscovici (1979), modalidades particulares del conocimiento, cuya función es “la elaboración de los comportamientos y la comunicación entre los individuos”. La representación se entiende entonces como un conjunto organizado de conocimientos y una de las actividades psíquicas “gracias a las cuales los hombres hacen inteligible la realidad física y social, se integran en un grupo o en una relación cotidiana de intercambios, liberan los poderes de su imaginación”.

Páez (1987) las observa como una expresión del pensamiento natural, no formalizado ni institucionalizado. En efecto, la propensión a la violencia psicológica ocupa un trasfondo complejo, integrado desde el individuo mismo, sus experiencias y saberes, el contexto histórico-socio-cultural, el entorno y los elementos que en este se encuentran, y otros individuos. Las representaciones brotan determinadas por las condiciones en que son pensadas y constituidas, “teniendo como denominador el hecho de surgir en momento de crisis y conflictos”. (Moscovici, 1979).

En este asunto de lo identitario, el mundo de las letras y el lenguaje fungen como vehículos constructores de realidades, de espacios y de interacciones, y también abonan a la conformación del ser. Pablo Fernández (1991) es partidario de la recuperación de la palabra, del lenguaje, del diálogo y de la comunicación, no como un mero proceso, sino como “actos que sirven para fundar nuevos sentidos de y en lo social y lo afectivo, nuevo modos de ser y de existir, de reunir nuevamente lo que fue separado”. Asimismo, defiende que el lenguaje es “el órgano con el que piensan las ciudades y las sociedades que las habitan, el lenguaje será el que dará cuenta de la modificación de los espacios, de las formas de pensar, de ser, de lo que sentimos y de cómo lo sentimos”.

Arendt, cuyas ideas son recuperadas por Butler (2012), afirma que toda acción política requiere un espacio de aparición, que cobra existencia siempre que los hombres se agrupan por el discurso y la acción. Con esto, queda clarificado que estos haceres, prácticas y rituales se fomentan en ambientes favorecedores con individuos que se asocian
con estas determinadas situaciones y circunstancias.


Algo que puede, de alguna manera, aterrizar de manera clara y breve esta influencia del lenguaje en el todo, son las siguientes líneas: “Uno no piensa "cosas", sino que piensa palabras y, por lo tanto, no puede haber frases "huecas". En la comunicación (haciendo un paréntesis entre las líneas y recuperando a los axiomas de Watzlawick, imposible es no comunicar y, lógicamente, esto tiene sus implicaciones) caben las palabras, pero también los gestos, las cosas, los lugares y los huecos”. (Fernández C., 1991)



Esto del lenguaje, así como tiene su 
influencia en la construcción de la identidad personal y en la facilitación de la reproducción de la violencia psicológica, puede verse relacionado con el concepto del poder y sus mecánicas. El poder puede entenderse como un ejercicio de dominación, manipulación, superioridad, fuerza, posesión, el posicionarse como potente, fuerte, capaz, facultado. Foucault -esto lo recuerdo haber leído en algún lugar, quedo a deber la cita correspondiente- llegó a mencionar que, si bien el poder no necesariamente ha de adquirir una connotación negativa en forma de represión, es un hecho que si puede desembocar en prácticas de desigualdad e inequidad, en la propia represión (haciendo otra breve parada cultural complementaria que a lo mejor no tiene que ver directamente con lo que está en cuestión pero es una idea interesante que me agradó, Amelia Valcárcel, filósofa y feminista española, deja la siguiente cita: “la igualdad es ética y la equidad es política”…). En fin, que esto puede converger en violencia, agresión y maltrato.

Politizar e intervenir

Retornando al abordaje de la problemática, podemos decir que hemos podido darnos cuenta de que, en reiteradas ocasiones, dentro de nuestros vínculos e interacciones con el otro se vive una violencia psicológica que puede no resultar visible ante nuestras percepciones. Sin embargo, está claro que estas agresiones repercuten en menor o a mayor escala en la persona que fue agredida, reflejándose este daño en sus formas de relacionarse con el otro. Sucede con asiduidad que el agresor no se da cuenta de que sus acciones pueden estar violentando al otro. En la mayoría de sus casos, este tipo de violencia se pueden presentar entre las personas que mantienen una relación muy cercano, ya sean familiares, amigos, compañeros, etc. Es muy común que la violencia se valga del lenguaje como medio, ya que hemos normalizado mucho estas palabras hasta el punto en el que su significado ha ido perdiendo su impacto en el marco de lo consciente. Por tanto, en el imaginario y en el inconsciente colectivo se va adoptando esto como algo natural.

Este “desgaste” al que se van sometiendo los términos con el tiempo, el hecho de la utilización de una palabra una y otra vez va restándole valor a su significado, transformándose así en una forma de trasgresión, deformación y rompimiento de la comunicación: aquí nace el fenómeno que se conoce como ideologización.

El extremo opuesto a la ideologización es fenómeno de politización, que puede ser entendido como sacar las cosas a las calles, a la ciudad: hacer comunicable lo incomunicable, hacer público lo privado. 

"Lo privado es lo dividido, lo callado, lo oculto, lo olvidado; lo público es lo reunido, lo encontrado, lo inventado, lo descubierto" (Fernández, 1991).

Partimos de la premisa de que “lo personal es político”. De esta forma, para desarrollar, concretizar y llevar a puerto la politización, se necesario toda una serie de labores que tratan de recuperar el sentido de la polis, de reconocer lo común, y de hacerlo en colectivo. Hay ocasiones en que no se dice nada de estos hechos sea cual sea la razón, y se quedan en lo personal, en lo privado, y puede que hasta se llega a normalizar. En el preciso instante en que se comparte algo que afecta a las personas que nos son cercanas, en ese momento ya ha se puede dar por iniciado el proceso y el ejercicio de politizar. 

Esto de politizar es lo que pretendemos hacer con esta problemática, visibilizando y haciendo públicas las formas más comunes de violencia psicológica, alentando a todas las personas que conviven en el día a día de la universidad a que participaran, incentivando así la reflexión.



Para Fernández Christlieb (1991), politizar es compartir una problemática con el otro. El objetivo primordial de nuestro trabajo pasa precisamente por compartir la idea de que la violencia psicológica está presente en nuestra vida diaria y de que está atravesando el tan famoso y peligroso proceso de normalización. Debemos emprender la acción, identificarla y, partiendo de ello, combatirla.

La intervención se llevó a cabo el miércoles 19 de noviembre en el pasillo que se encuentra entre la cafetería central del ITESO y el edificio del Centro Universidad Empresa. Se eligió la hora de la comida, las 3 de la tarde, pues sabíamos que ese horario nos garantizaba tener una buena parte de la población universitaria disponible y al alcance, concentrada en un punto central.

Desde que llegamos y comenzamos a trabajar el material, antes de colocarlo en el sitio estratégico, mucha gente que pasaba ojeaba con curiosidad, y también muchas miradas de las mesas circundantes de la “café” se centraban en nosotros. 


Elaboramos dos carteles amplios, en los que se plasmaron múltiples afirmaciones, frases o palabras (15 en total). Estas estaban pensadas y estructuradas para hacer click con quien las viera. Reflejaban ciertos ejemplos de actos o referencias verbales muy comunes que personificaban la violencia psicológica y que, por supuesto, eran identificables y, en nuestro criterio, “normales” en las interacciones entre estudiantes. Estos carteles se pegaron justo frente de la central, por uno de sus costados (el del pasillo).

A partir de la hora referida, y hasta las 10 de la noche, que se desmontaron los materiales,
se extendió la invitación a todo aquel que pasara por ahí, miembro de la comunidad universitaria –siendo estudiante, docente o empleado, la posición que fuera que le relacionara con la universidad, su campus, su entorno y su gente), para que participara en esta breve encuesta. Se le explicaba que tenía que leer con atención cada uno de los reactivos y marcar con una línea si alguna vez había experimentado dicha situación o recibido alguno de los términos.

La reproducción de estas conductas, la repetición de estas palabras clave o de algunas de las frases, fue un efecto inmediato del trabajo. Resultaba bastante curioso cómo grupos de amigos, generalmente mesas en donde había sólo hombres sentados, leían los carteles y empezaban a híper-emplear los términos. Se escuchaban cosas como: “Oye, wey… ¡Eres un puto pendejo hijo de la chingada! ¡Ja, ja, ja…!”. Era evidente la dinámica de mofa y ridiculización de la actividad, pero de cualquier manera aquello, por “tonto” o “juego” que fuera, decía algo, que no era otra cosa que el inequívoco reflejo de lo que estábamos exponiendo a la luz. En otros casos también se daba que iban grupos de amigos caminando por el pasillo y aceptaban participar en la encuesta. Al responderla, comentaban entre ellos: “Pues sí, tú me has dicho así… Y yo también diario te digo…”. Las figuras de “agresor” y “víctima” se confrontaban y se concientizaban de la situación.




Vamos a los resultados. A continuación expongo el contenido de nuestros carteles encuesta y el número de veces que se señaló cada reactivo:

Alguna vez te han dicho…

a) Estúpid@: [119]
b) Zorr@: [51]
c) Put@: [87]
d) Pendej@: [125]
e) Cabrón(a): [125]
f) Perr@: [89]
g) Hij@ de $*%#*: [116]

Ponte a pensar si…

1) Alguna vez te has sentido excluid@...: [98]
2) Alguna vez te han aplicado la ley del hielo…: [76]
3) Alguna vez te han hecho sentir inferior…: [66]
4) Alguna te has sentido manipulad@...: [77]
5) Alguna vez te han chantajeado…: [88]
6) ¿Te es difícil alejarte de personas que constantemente te agreden? : [27]
7) Alguna vez te has sentido criticad@...: [117]
8) ¿Haz frecuentado personas sabiendo que hablan mal de ti? : [79]


También presento el mapa del espacio de intervención, el hábitat de la población atendida, ITESO. En rojo se señala el punto exacto donde se trabajó:


 


El trabajo lo puedo considerar como satisfactorio, ya que 125 personas participaron activamente en el proceso, pero muchas más también, de alguna manera, intervinieron y se llevaron algo de nuestra labor. El simple hecho de acercarse por curiosidad ya era algo significativo, y el escuchar vivencias y confidencias que la gente quería poner sobre la mesa de diálogo fue enriquecedor. Nos encontramos con gente de servicios generales, que llegó a comentar que alguno que otro alumno ya se la había “rayado” en más de una ocasión. “Y eso que es jesuita y humanista”, decían. Las chicas que trabajan en el centro de copiado también compartieron lo suyo: “Nombre, y ahorita en finales, me dicen de todo. Y esta y esta palabra, pues también, como tres veces al día…”. Importante es darnos cuentas que esto existe, está ahí, y latente, más de lo que pensamos… de lo que vemos.


Referencias bibliográficas:

Butler, J. (2012). Los cuerpos en alianza y la política de la calle. En revista Transversales, no. 26, junio 2012.
           Fernández Christlieb, P. (1991). El Espíritu de la calle. Psicología política de la cultura cotidiana. Barcelona/Querétaro: Anthropos/UAQ, 2004. 

Moscovici, S. (1979). El psicoanálisis, su imagen y su público. Buenos Aires: Editorial Huemul.
           
            Paz, O. (2011). El laberinto de la soledad. México: Fondo de Cultura Económica.



























NUESTRA LA NOCHE: Marcha nocturna por la NO violencia contra las mujeres y vigilia por la lucha

El pasado viernes 28 de noviembre se realizó la marcha “NUESTRA LA NOCHE: Marcha nocturna por la NO violencia contra las mujeres y VIGILIA por la LUCHA”, organizada por el colectivo YoVoy8deMarzo.
Se convocó a todas las personas que estuvieran interesadas en utilizar el espacio público en un horario que normalmente no es frecuentado por lxs ciudadanxs, sobretodo mujeres, pues existe una realidad que es que nos tenemos que mantener lejos de las calles a cierta hora, que peligramos si decidimos ejercer nuestro derecho a caminar libremente por las avenidas y espacios públicos.


En la invitación se extendía un pronunciamiento donde se hacía público por qué el interés de estas mujeres para transitar por la calle de noche y hacer suyo el espacio público durante la noche “Hemos decidido reapropiarnos de la calle y de la noche. Reivindicamos a los feminismos como la vía legítima para desarmar la maquinaria de opresión que nos ha hecho creer que nuestros cuerpos, las calles y el mundo no nos pertenecen. Reivindicamos nuestro derecho a la vida, a habitar e inventar otras formas de existencia, a estar en la calle con total tranquilidad, de noche y de día, sin el temor de ser desaparecidxs, violentadxs, asesinadxs” (YoVoy8deMarzo).
El punto de encuentro tuvo lugar en la Plaza de Armas del centro de la ciudad, de donde partiríamos hacia el Andador Escorza. Minutos antes de que iniciara la marcha, el conjunto de mujeres y algunos hombres que se encontraban reunidos formaron un círculo donde se compartieron algunos textos a manera de contextualizar las acciones de esa noche.

Salió pues el contingente a las 8:15 pm con antorchas, pancartas, una batucada formada por garrafones de agua y botes de pintura, megáfonos, maracas y muchas energías para gritar las consignas y hacernos visibles. Las personas a nuestro alrededor se quedaron observando y recuperando lo que sucedía con sus cámaras del celular, sin embargo nadie respondía a lo que la marcha estaba expresando. Hubo un par de personas que se sumaron durante el recorrido, pero el contingente en ningún momento se dispersó. Consignas como “No más violencia hacia las mujeres”, “Verga violadora a la licuadora”, “¿Dónde están las desaparecidas? Las queremos de vuelta y vivas”, fueron solo algunas de las que resonaban por la avenida Juárez. 
Una vez que el contingente se acercaba al punto de reunión los sonidos iban aumentando y ya en el andador la gente fue tomando lugar en ese espacio, cuidando no afectar los murales que se acababan de dibujar en el piso del lugar.
Una vez reunido todo el contingente en el andador, se dio lugar a un pronunciamiento compartido por todxs lxs asistentes. Normalmente en este momento las marchas dan por concluida sus actividades, sin embargo aquí apenas empezaban. Dentro del horario establecido se programaron diversas actividades como lo fueron lecturas de poesía feminista, teatro, biodramas, concierto de jaraneras, Leiden y Norwayy; La proyección del documental “Hermanas Mirabal” y finalizaban con la vigilia que terminaría a las 8 am.

En ningún momento faltó la música mantuvo despiertas a las asistentes, las conversaciones y los encuentros. Sin duda esta es una muestra muy representativa de cómo es que lo privado se lleva a lo público. Las calles no son nuestras sólo por creer que son, sino porque las hacemos públicas estando ahí. El espacio público no es un ente físico que se encuentra a la disposición de quien desea utilizarlo, es la acción de hacer nuestro los lugares que no parecen estar permitidos para utilizarse, aquellos que nos han dicho que no son de nosotrxs, que le corresponden a alguien o algo más.
Link del evento: 
https://www.facebook.com/events/1495867080675817/?ref_dashboard_filter=past

Limpia-parabrisas por un día (ensayo)

¿Quiénes son?

 
Los limpia-parabrisas son esas personas que en cada alto intentan limpiar el cristal del carro, muchos de
ellos lo hacen por necesidad y esta es la forma “fácil” que encontraron para ganarse unos cuantos
pesos.
 
Pero esto no es del todo fácil pues en muchas ocasiones llegan a poner en riesgo su integridad física ya
sea por que les avientan el carro o por que se suben a la parte delantera del camión sin mucho tiempo
para terminar de limpiar y bajarse antes de que se ponga el siga.
 
 Lo que pensamos de ellos…
 
Cada uno de los miembros del equipo realizó 20 encuestas con el objetivo de conocer lo que piensa el
automovilista respecto a los limpia-parabrisas, los resultados marcan una desaprovación en geeral, algo
curioso es que muchas de las personas reconocen que es posible que este "trabajo" surja de la neesidad
de las personas, pero pocas se ven dispuestas a colaborar con ellos.

Esto se da no solo con estas personas si no que se de de una manera general, y es posible que se deba a
que estas personas no cumplen con lo que nosotros mismos consideramos normal y que juzguemos sin
conocer el contexto de esta gente lo cual ha ocacionado que los ignoremos incluso por que no cumplen
con un status de vestimenta al que estamos acostumbrados a observar.
 
 Lo que ellos ven…
 
Rápidamente se cuestiono a los limpia-parabrisas  (a 5 de ellos, todos de diferentes partes.) para saber
como se sentían al respecto y sus respuestas fueron:
1. Así sacamos para la comida, lo juntamos todo compramos para compartir. (revolución)
2. Eran unos niños y no quisieron contestar (sentado bajo una palmera un señor vigilaba) (Boulevard
Tlaquepaque)
3. Para sacar para la comida (cuando se les pregunto de forma casual si para el toncho solo se rieron y
dijeron que a veces) (Lázaro Cárdenas y 8 de julio)
4. Me sacaron de la casa y pues ni modo (centro)
5. No hay para comer (una niña) y le ayudo a mi hermano a veces limpio o me paro en sus hombros.
 (Glorieta de la minerva)
 
Se les pregunto si era peligroso…
Las respuestas que se dieron en general es que a veces les echan el carro encima y que les hacen
muchas groserías.
 
También mencionan que la gente los ve que van hacia su auto y cierran las ventanas como si ellos los
fueran a asaltar. (dicen que “se ponen de mamones”)
 
¿Desde cuando el tener una necesidad de volvio un crimen o un motivo para ser criminalizado?, se ha
vuelto un problema no tener los recursos necesarios para vivir a tal punto que se relaciona la pobreza
con un crimen. Por que es más facil que se le acuse a una persona pobre pero inocente de ser un
delincuente, a señalar a un empresario como deshonesto o a un gobernante que es protegido por un
fuero al desfalcar a toda una empresa o a todo un estado.
 
Al ver la problematica que tienen tanto automovilistas como limpia-parabrisas se decidio realizar una
intervención para de esta manera observar si habia umamejor forma de apropiarnos de este espcio
(altos) y ver si mejoraba la reacción por parte de los automovilistas al ver una alternativa a los limpia
parabrisas convencionales.
 
Decidimos convertirnos en limpia-parabrisas y ver si existía una forma creativa de hacer este encuentro
(limpia-parabrisas-automovilista) más ameno para lo cual uno se disfrazo de mimo, otro se puso ropa
sucia y otro más solo se vistió con ropa casual.
 
La actividad consistía en fingir con una botella llena de agua (cerrada) y un trapo el fingir que se
limpiaría el auto.
 
Al principio la gente se molestaba, pero ya que veían que no se le haría nada al auto y que era una
forma diferente a lo que están acostumbrados, aceptaban el hecho de que bromeáramos con este
asunto.
 
Muchas de las reacciones que conseguidos ya que se pasaba la molestia eran sonrisas y en una ocasión
insistieron en darnos dinero. (en un solo auto recibimos 5 pesos).
 
Al terminar  la intervención se pudo notar que las personas reaccionan mejor a la risa y que de hecho
les da más gusto cooperar cuando no se "agrede" a su vehiculo o propiedad, al principio la reacción era
de molestia pero poco a poco se fue transformando a tal grado que la gente sonreia y se iba más
tranquila.

Pero más allá de la rección que logramos conseguir el problema sigue estando ahí, y no se trata solo de
si algo nos hace pasar un buen momento o no, el problema real que se puede encontrar al hablar con
estas personas es la manera en que nosotros mismos los ignoramos y renegamos de ellos, por que
actualmente hablamos de una nción unida pero no somos capacez de ayudarnos o de prestar atención a
lo que sucede con el que está a mi lado, lo que nos ha fastidiado es la falta de interes y de educación.

Necesitamos que nos enseñen a querer un poquito más a los demás para que así no nos cueste
ayudarnos unos a otros en lugar de excluirnos y de prejuzgarnos o criminalizarnos solo por nuestra
apariencia.

Bibliografia
 
-FERNÁNDEZ CHRISTLIEB, Pablo (1991). El Espíritu de la calle. Psicología política de la
cultura cotidiana. Barcelona/Querétaro: Anthropos/UAQ, 2004. 
 
- FERNÁNDEZ CHRISTLIEB, Pablo (2010) "El sueño de las multitudes". Mecanuscrito inédito.
 
 BUTLER, Judith (2012). "Los cuerpos en alianza y la política de la calle".  En revista Transversales, no.
26, junio 2012