jueves, 30 de octubre de 2014

Pasan los días y Ayotzninapan se sigue haciendo escuchar


El pasado miércoles 22 de Octubre se dio lugar  a una nueva marcha en las calles del centro, iniciando desde la glorieta normalistas jóvenes, adultos, estudiantes y profesionistas se unieron en una sola voz para gritar “los queremos vivos”, parece que poco a poco las personas van despertando de ese sueño donde pasaba todo y no hacían nada, comienzan a exigir que los volteen a ver, que los escuchen y que devuelvan el gobierno al pueblo.

Más que parecer hartos o cansados, la gente comienza a verse más interesada y motivada de salir a las calles, hablar del tema y dar a conocer de los sucesos a aquellos que aún siguen sin saber qué es lo que pasa a su alrededor.

El tiempo cada vez pareciera ser más escaso en comparación a las nuevas “necesidades” o distractores, tal es la velocidad que impide que un acontecimiento se vuelva significativo, constantemente se bombardea de información, de noticias, de sucesos que lo único que logran es mantener dispersa a la atención de las personas, evitar se consolide una identidad con ciertos sucesos y que por lo tanto no se desee ser partícipe de las posibles mejoras, las experiencias no se integran de la misma forma a como solía hacerse antes.

Sin embargo pareciera que han sabido manejar este problema, se continua llamando la atención de los medios para que esto no quede en una simple huelga, poco a poco están más metidos en los temas de conversaciones y noticias en televisión, radio e Internet, de forma internacional otros países comienzan mirar a nuestro país y a darse cuenta de que aquí también surge violencia y la gente se levanta en armas; a esto no me refiero con que agarran una pistola o un cuchillo para pelear, sino que toman sus cuerpos y sus voces como armas políticas y salen a los espacios públicos a unirse como un ejercito y a tomar lo que por derecho desde hace cientos de años es público, o sea, de y para las personas, no para que un gobierno rija y decida de qué forma se debe de interactuar.

El sentimiento era colectivo, los escalofríos te recorrían la piel cada vez que leías un letrero que dijera “pude/o haber sido yo / tu hijo”, “pienso luego me desaparecen” o letreros con los rostros de alguno de los desaparecidos junto con su edad.

Una de las preguntas que lanzaban era, “¿cuál es el futuro de un país donde desaparecen a sus estudiantes?”, la respuesta no la quiero ni pensar, ¿qué será de un país poblado de títeres que se mueven al son del gusto del gobierno, que permite que todo pase y nada hacen por cambiarlo.

Fue interesante ver cómo las personas que no estaban unidas a la marcha, sino que se encontraban en establecimientos o en la calle nos volteaban a ver y una que otra nos grababa, me pregunto qué pensaban al escuchar cuando les decíamos, “escucha, a ti también te afecta”, qué sentimientos se despertaban en ellos, ¿los haría reflexionar?, sin duda a mí me hizo reflexionar el hecho de decirlo.
Finalmente la marcha terminó en la plaza de la liberación con una reunión de cientos de personas con un mismo sentimiento, el deseo de un cambio y el pensamiento de “ni uno más”.

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