Psicología política

Psicología política: lo personal es político

Nuestra disposición a deshacernos en relación con otros constituye la oportunidad de llegar a ser humanos. Que otro me deshaga es una necesidad primaria, una angustia, claro está, pero también una oportunidad: la de ser interpelada, reclamada, atada a lo que no soy, pero también movilizada, exhortada a actuar, interpelarme a mí misma en otro lugar y, de ese modo, abandonar el “yo” autosuficiente considerado como una especie de posesión.
Judith BUTLER


«Lo personal es político» es el lema con el que el movimiento feminista situó en la agenda pública asuntos que tradicionalmente habían estado recluidos, junto con las mujeres, en la esfera privada y doméstica. Este lema define también la perspectiva de la psicología política, que se ocupa de comprender cómo las relaciones que acontecen en los espacios que definen los ámbitos de lo público y lo privado –que van desde la calle hasta el cuerpo, pasando por el ciberespacio— configuran nuestras vidas y las dotan de sentido. Relaciones de poder, de pertenencia, de colaboración, de placer, de resistencia, de violencia…

La psicología política es también una perspectiva de acción para lograr un mundo social habitable. Para ello plantea el acto de politizar, esto es, llevar las problemáticas que a todos nos afectan (la violencia, la inequidad sexual, la movilidad en la ciudad, los derechos en Internet, etc.) de lo privado lo público, de la casa a la calle, de la charla de café a la organización social, del pensamiento individual al espíritu colectivo. Politizar implica intervenir nuestros espacios cotidianos favoreciendo el encuentro y la comunicación (andando la calle, tomando la plaza, transgrediendo el cuerpo, generando redes) ahí donde los medios informativos, la política de partidos y las corporaciones nos han saturado de mensajes repetitivos y banales que aniquilan el pensamiento.

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