martes, 9 de diciembre de 2014

#ITESOconAyotzinapa


El 27 de septiembre, nuestro país despertó con la noticia de una masacre y la desaparición de 43 estudiantes en el estado de Guerrero. No iba a ser una noticia más.




El miércoles 5 de noviembre, la universidad, en donde desde el primer día se empezó a correr la voz sobre los hechos, se adhirió a la iniciativa de un paro nacional que simbolizaba un “ya basta”, un ejercicio de protesta y de resistencia. En la descripción del evento, cuando se dio a conocer, me llamó y me gustó mucho una frase expuesta:

“Un signo masivo claro, de muchos sectores y clases sociales, de que no se está dispuestos a dejar correr una vez más la frontera moral hacia la normalización de lo inhumano en México”.


Sacando provecho de esta interrupción de actividades, la convocatoria se formuló para ser una jornada de reflexión (#ITESOconAyotzinapa), en donde, a través de temas de espiritualidad, violencia y ciudadanía, política y activismo, compromiso social ITESO y academia, y expresión artística, se llevaron a cabo distintas actividades: talleres -con temas como "Mujeres, ciudadanía y construcción de paz", "geografía del dolor" y "análisis de actores políticos"-, mesas de diálogo, versadas… La oferta fue variada, con el Colectivo Movilidad ITESO realizando una rodada en bici y el rector oficiando eucaristía, por poner algunos ejemplos.



Pude ver mucho interés genuino por parte de la comunidad universitaria en un evento que, además de ser lógicamente solidario, fue fructífero en lo informativo. Se hicieron cosas que se pueden hacer cada vez más e invitan al optimismo, a creer otra vez en el otro, y a hacer unión. La lluvia no lo paró.

A mí me tocó estar algunos de los eventos del día: en la misa que dio el rector en el auditorio, en la versada política que se dio en la cafetería y apreciar la exposición en la explanada de la biblioteca, principalmente. A lo mejor es  un comentario tonto de mi parte, pero no deja de sorprenderme lo curioso que tiene el arte, y es que se vale de cualquier cosa, en este caso, del movimiento, para crear, recrear, producir y reproducir… digo, a final de cuentas de eso se trata, ¿no es así? De expresión, de emoción… No todo lo que estaba expuesto, tanto en la versada como en la explanada trataba del caso, pero varias obras sí. Me di una vuelta por el campus para ver qué estaba pasando. Y mucho pasó.







De gran relevancia fue la presencia de algunos estudiantes de la normal y, según pude entender, algunos padres de los muchachos desaparecidos, presentando los avances del caso, contextualizando la problemática y, por supuesto, exhortándonos a, más que acompañarlos en su duelo y su dolor, treparnos en el tren de la participación activa, en pro del movimiento y para ser agentes activos en darle la vuelta a la tortilla a la crisis que vive el país. Una crisis económica, sí, de violencia, también, pero de valores, de apatía también.

Las hojas repartidas y pegadas por todo el campus con las fotos y la descripción de los 43 fue algo impactante (mucho muy) para mí. Chavos de 16 y 17 años dentro de ese desafortunado grupo…



También, una semana antes, en los Intersuj que acogimos en nuestra universidad hubo, como no podía ser de otra forma, cabida para recordar a los 43 estudiantes, alzar la mano y decir "presente" al movimiento. La parte mayoritaria de la acción solidaria no vino precisamente del anfitrión, sino de l@s estudiantes de Ibero León. No creo pertinente hacer una crítica tonta respecto a quien tuvo la idea, hay que quedarnos con lo positivo de la experiencia, que es que, evidentemente, se tenía que hacer algo -no se podía dejar pasar la oportunidad de seguir abonando a la causa en un evento de esta magnitud y características- y, en efecto, se hizo algo. De los Intersuj, eso sí, también habría que denunciar que, a pesar de que se hizo un llamado por parte de rectoría a través de estos populares comunicados, de que hubo muchísima publicidad promoviéndolo, y de que el tema pasó a ser parte central de la propuesta del ambiente y convivencia de los juegos, el respeto no fue tan participe como ser hubiera deseado.

La grada de ITESO puede llegar a ser muy hostil cuando se lo propone y, no sé si en mayor o en menor medida a comparación de lo que sucedió en el evento Vive ITESO, esta vez no fue la excepción: cargaron duro contra los representativos visitantes, haciéndose esto visible sobre todo en el fútbol, evento al que más concurrí. Al portero del equipo visitante le gritaban el común "Ehhhhhh...
¡putooo!" de los estadios de nuestro país cada vez que despejaba, y a las chavas les gritaron cosas nefastas como "perra" y "puta", se aventaron vasos a la cancha... Estas cosas que hubiéramos varios preferido que se guardaran en su casa. Y no solo fueron los aficionados, sino también varios de los atletas de nuestra universidad -no digo que todos, pero si varios- tuvieron actitudes y conductas que poco tienen que ver con el juego limpio, cometiendo faltas y metiendo patadas a lo idiota. En fin.

La clausura de la jornada #ITESOconAyotzinapa fue algo muy emotivo, en cuanto a que en el jardín central se reunió un conglomerado  importante y se pasó lista -se leyó el nombre de cada uno de los chavos desaparecidos- y se plantó un árbol que puede significar muchas cosas, pero que englobadas, invitan a la esperanza, el nacimiento -o renacimiento- de algo (más grande…): el despertar de la sociedad hacia la acción.

Hay que aprender, como dijo en su día Octavio Paz, a “arder sin consumirse” A ver si ya ésta es la definitiva y nos subimos todos al barco…


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