lunes, 1 de diciembre de 2014

Expresión y Denuncia Simbólica en el ITESO.


    El pasado 10 de Noviembre de 2014, varios compañeros y yo realizamos una intervención dentro del campus de ITESO, como parte de un proyecto de psico-geografía. A grandes rasgos, la dinámica consistió en crear un espacio simbólico que sirviera como punto de referencia para que alumnos, profesores, trabajadores, y cualquier actor social que participará en el ITESO, pudieran expresar quejas de todo tipo, sin ningún filtro, y de manera anónima. A continuación se desglosa el proceso que se siguió para llevar a cabo dicho proyecto.

Concepción de la Idea, Objetivos y Premisas Teóricas.

Durante la fase de planeación, mientras se pensaba en la idea, se dialogaron los diferentes objetivos que este ejercicio debía cumplir, con la finalidad de que sirvieran como base para la ejecución. El primer objetivo era realizar una actividad práctica que nos permitiera aplicar todos los conocimientos teóricos que se habían obtenido durante el curso. Que los aprendizajes no se quedaran en el aula, o en un ensayo. ¿De qué sirve todo esto que hemos aprendido? Para responderlo, era necesario realizar una intervención en algún espacio público.

Y digo espacio público, porque buscábamos abordar una problemática de la ciudad. No quedarnos en una propuesta desde lo privado. Sacar la teoría a la calle. “Las calles y plazas, que se habían acostumbrado a ser sitios transitorios e indiferentes, un poco turísticos, se tornaron lugares habitables, solidarios, interesantes, disputables, festivos, apasionados y razonables, mientras que las casas, las oficinas y las televisiones se volvieron más aburridas, más mentirosas en sus promesas de hospitalidad”. (Fernández, 1991). De este fragmento de “El Espíritu de la Calle”, se rescata una nueva significación de la calle. Ya no es algo indiferente y transitorio, sino que se ha convertido en un espacio habitable. Es desde lo público que debemos abordar los problemas, y no desde las falsas promesas de hospitalidad de lo privado.

El segundo objetivo era comprender, con ayuda de este ejercicio, la relación individuo-ciudad, o individuo-espacio, entendiendo sus implicaciones y ramificaciones. Solemos creer que el individuo crea la ciudad, y que ahí acaba la relación que estos dos elementos tienen, como si el asunto fuera tan simple. La verdad es que es la ciudad la que acaba configurando al individuo. Configura su pensamiento, su vida, su forma de definirse a sí mismo y a los otros. Son los espacios los que nos delimitan, y no al revés.

Si queremos concebir una movilización política verdadera, debemos entender que esta va a depender inevitablemente de los espacios físicos, tangibles, materiales, en los que pueda aparecer. “Espacio y localización se crean a través de la acción plural. Y, sin embargo, ese punto de vista sugiere que la acción, en su libertad y su poder, tiene la facultad exclusiva de crear la localización. Y ese punto de vista olvida o rechaza que la acción siempre se apoya sobre algo y que siempre es corporal, incluso en sus formas virtuales. Los soportes materiales de la acción no sólo son parte de la acción, sino también aquello en torno a lo que se está luchando” (Butler, 2012). Los movimientos son dependientes a la tangibilidad de los espacios. Teniendo eso en mente, debemos cuestionar aquellos espacios que no están funcionando, y modificarlos para que estos a su vez abran nuevas posibilidades de pensamiento y de movilización.



La sociedad y los individuos son productos del espacio. Una noción de democracia, por ejemplo, con todas sus herencias epistemológicas, tiene su origen primero en la concepción de un espacio público abierto. “La evolución de la democracia ateniense configuró las superficies y el volumen del ágora, porque el movimiento posible en un espacio simultáneo era adecuado para la democracia participativa. Paseando de grupo en grupo, una persona podía enterarse de lo que estaba sucediendo en la ciudad y discutirlo. El espacio abierto también invitaba a la participación casual en los asuntos legales.” (Sennet, 1994). En su obra, Sennet nos ofrece ejemplos de cómo el hombre ha vivido la ciudad; como se ha relacionado con ésta y de qué manera lo ha afectado.



Nótese que la concepción que se tiene de ciudad afecta hasta la manera que tiene el individuo de conocer y concebir las cosas. Sennet nos explicaba que había relaciones entre el entendimiento de la fisiología de los cuerpos, y la construcción que se hacía de los edificios. La ciudad está al centro de la genealogía del conocimiento.

El tercer y último objetivo era abordar una problemática que nos preocupará a nosotros mismos (a los compañeros de equipo y a mí), que nos fuera relevante, que la viviéramos en carne propia. Esto serviría como motivación propia, y como una forma de entender de mejor manera aquello que nos interpela. Queríamos cuestionar y movilizar un espacio en el que nosotros mismos fuéramos actores sociales.

¿De qué manera pueden los espacios públicos influir positivamente en la vida de las personas? ¿Cómo construir una ciudad más comunitaria? Con esos objetivos, y bajo esas premisas teóricas, nos dispusimos a planear una intervención que contestara dichas interrogantes.

Problemática.

Empezamos con una idea vaga de denuncia simbólica. Queríamos poner un stand en algún punto de la ciudad que sirviera como punto de encuentro para que las personas se acercarán y dijeran alguna queja que tuvieran de ese espacio. En un primer momento, se buscaba que dicho espacio fuera el centro de Guadalajara.

Era un acercamiento cualitativo a la ciudad, con la diferencia de que no existía intención por parte de nosotros de categorizar o sistematizar la información que se registraba en el ejercicio. Tampoco queríamos crear un instrumento que predeterminará el tipo de respuestas que se podían dar. Buscábamos más bien que las personas hablarán con libertad, sin ningún tipo de filtro, y de manera totalmente anónima (a menos que ellos quisieran lo contrario).

Incluso se partía de la idea de que crear un instrumento era una forma de control, o de imposición. Las preguntas que hiciéramos iban a sugestionar a las personas, o les iban a evitar decir lo que de verdad pensaban. Nosotros en cambio queríamos que ellos mismos tuvieran la iniciativa de decir lo que quisieran, con el lenguaje genuino que suelen utilizar.

Conforme avanzábamos en la planeación, se hizo claro que queríamos que ese lugar fuera el ITESO. Olvidamos la propuesta del Centro de Guadalajara para pasar a nuestra propia universidad. Este cambio tuvo muchas razones, que se relacionan directamente con la manera en que la problemática nos interpela.



Antes que nada, creemos que los instrumentos de evaluación del ITESO son insuficientes e ineficaces, además de impositivos. La semana 12, conocida como la semana de evaluaciones, propone una encuesta muy insípida, que no capta las quejas verdaderas que un estudiante puede tener. Sus preguntas son demasiado formales y esquematizadas, lo que sirve como un primer filtro para la opinión estudiantil. Si la queja que tienes no cabe en las preguntas, simplemente se descarta.

A eso agregamos el hecho de que la encuesta es completamente individual. No se comparte. No existen foros o espacios destinados a que se pongan en común dichas quejas. Tú contestas la encuesta como estudiante, y no tienes ninguna garantía de que alguien la va a leer, o de que va a tener efecto alguno en la institución.

En ese sentido por supuesto que hay relaciones de Poder. El ITESO tiene controlado cualquier instrumento de evaluación de manera que puede medir y predecir quejas de los alumnos, y hasta cierto punto ocultar. Al mantener el proceso como algo meramente individual, se evita revueltas o quejas masivas. No hay tal riesgo, la gente está separada desde el inicio.

Como universidad el ITESO se vende como una escuela perfecta. La publicidad muestra las fortalezas, con un discurso humanista, de una institución que no tiene ningún tipo de problema. Sin embargo, creemos que hay muchas opiniones que se pierden, y que no llegan a aparecer en esta publicidad. Son voces que jamás aparecen en el ámbito público.

Las verdaderas quejas ocurren en la vida cotidiana. Los alumnos hablan entre ellos, en la cafetería, en los pasillos, en los salones después de clases. Dicen sus quejas, lo que les molesta de la escuela, como mejorarlo, que podrían proponer, etc., todo esto ocurre a un nivel informal y con el tiempo se pierde, pues no hay nadie siguiendo los comentarios o registrando lo que se dice. Hay muchas peticiones que no se materializan.

Por eso se requiere crear un espacio en el que se pueda volcar todo esto. Un punto de encuentro que absorba estas críticas y les dé lugar. Una referencia para cualquiera que quiera poner sus quejas en lo común, observar la reacción de los demás, y ver si tienen aliados que piensan lo mismo. Politizar las peticiones, hacerlas públicas. Analizar aquello que ocurre en lo micro. No depender necesariamente de los procesos ya controlados por la institución. Recuperar el campus como un lugar habitable.

Intervención.

Decidimos colocar varios papeles, estilo cartulinas, primero en la plaza de los 50 años, y después en la cafetería central, para que las personas que pasarán pudieran tomar un post-it, escribir su queja, y colocarlo en dicho papel, a la vista de todos. Esto ocurrió el lunes de la semana 13, simbólicamente, una semana que también sirve para hacer las evaluaciones según los procesos del ITESO. Queríamos imprimirle a esto un tono de ironía, una especie de “aquí está la verdadera evaluación”.

La pregunta, excesivamente general (como queríamos que fuera), que invitaba a la gente a escribir, era “¿Qué no te gusta/Que cambiarias del ITESO?”. Únicamente con eso, y con la publicidad que nosotros mismos hacíamos, junto con un evento en Facebook, atrajimos a varios estudiantes que de forma animada escribían sus quejas y las pegaban.



Hubo todo tipo de comentarios. Enseguida se pueden notar temáticas generales que surgieron, y problemáticas compartidas. Sin embargo, nosotros no queríamos sistematizar esto a posteriori. Creemos que no va con nuestra metodología, ni con los objetivos de este trabajo. Nosotros queríamos algo desordenado, informal, descontrolado como lo es la voz pública. No un montón de categorías que al final iban a ser más imposiciones.



Por supuesto que hubo bromas, y comentarios que no buscaban una petición real, pero eso también habla de la universidad. No es información desperdiciada, sino al contrario, expresa lo que pasa por la mente de los estudiantes, y lo que piensan de la institución, incluso a un nivel más informal.



Una de las aportaciones que hice de manera individual al trabajo, además de las ideas que otorgue durante la planeación, fue comenzar a tomar fotos de los post-it más relevantes, no solo para documentar, sino para subirlas al evento de Facebook y crear de esa manera otro espacio de expresión que motivara a más gente a asistir. De igual forma, buscaba que los que estaban escribiendo post-it se sintieran en confianza para escribir lo que quisieran. Les explicaba la dinámica y los invitaba a que leyeran los demás comentarios como forma de inspiración.





Reflexiones y Conclusiones

La dinámica fue un éxito. Los papeles se llenaron tantas veces que tuvimos que agregar más secciones en varias ocasiones. La gente se mostraba entusiasmada por comentar y por leer lo que otros decían. Muchos estaban interesados en continuar el ejercicio de otras maneras, organizando foros que permitieran dar espacio a más peticiones.



Es un ejemplo perfecto de una movilización política. En lo personal me gustó mucho que esto ocurriera en un espacio abierto, donde todos podían observar lo que se hacía y ponerlo en común. Fue una intervención pequeña, un chispazo de creatividad, y una visión de aquello que podría ser.



Aún hay mucho que hacer. Esto tan solo es un inicio. La dinámica se podría hacer diario. Esa es precisamente la idea, que espacios como estos existan dentro de las instituciones, todo el tiempo, y que sirvan para que la gente haga las peticiones verdaderas, y más importante aún, que puedan ver lo que otros proponen.

La universidad es una plataforma política. Los esquemas que utiliza como institución se replican hacia otras instituciones más grandes, y hacia el Estado. ¿Por qué no comenzar a trabajar desde este espacio? ¿Por qué no abordar la democracia desde aquí? Al poner las problemáticas en común, nos damos cuenta de que no estamos solos.

Bibliografía.
BUTLER, Judith (2012). "Los cuerpos en alianza y la política de la calle".  En revista Transversales, no. 26, junio 2012.
FERNÁNDEZ CHRISTLIEB, Pablo (1991). El espíritu de la calle. Psicología política de la cultura cotidiana. Barcelona: Anthropos, 2004.

SENNETT, Richard (1994). Carne y piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental. Madrid: Alianza, 2007. 

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