viernes, 5 de diciembre de 2014

La percepción de las personas limpia parabrisas, aceptación /rechazo.



Junto con otros dos compañeros se ha realizado una pequeña investigación para analizar a qué se debe el rechazo o la aceptación de las personas que se dedican a limpiar parabrisas en los altos de los semáforos y una intervención con el fin de ponerse en los zapatos de los limpiaparabrisas y ofrecer una forma diferente de “limpiar parabrisas” y de obtener dinero.

Cada quien entrevistó a 20 automovilistas respecto a la percepción que tenían de los limpiaparabrisas y en conjunto se realizó la intervención, en la calle de la plaza Las Fuentes se pretende limpiar los vidrios de los autos con botellas llenas de agua y una franela en mano, las botellas se encuentran cerradas y sólo se hace la imitación de echar agua y lavar. Uno se disfrazó con ropa sucia, otro de mimo y otro de forma “normal” (pantalón de mezclilla, tenis y camisa sencilla).

Al principio se llegó al escenario un tanto nervioso y emocionado, sin saber cómo iniciar o qué sucedería con los automovilistas, si se enojarían o si se reirían, pero después de la primera intervención (en total 5 intervenciones)

Algunas de las preguntas que les hice a mis 20 personas fueron:
¿Manejas?, ¿qué piensas de un limpiaparabrisas?, ¿te han limpiado los vidrios de tu auto?, ¿Te gusta que lo hagan?, ¿Respetan tu decisión (en caso de decir que no)?, ¿te has peleado con alguno?, ¿Les das dinero?,  ¿Has hablado con alguno más allá de la platica de “¿se lo limpio? Si/no”?.

La mayoría de las respuestas fueron muy similares:
Todos, contestaron que sí manejaban.
Las impresiones fueron:
* Las personas que se dedicaban a limpiar vidrios eran personas flojas, probablemente drogadictas y que usaban el dinero para drogas, que podían dedicarse a un trabajo decente, que eran unos irrespetuosos u holgazanes.
* Todos dijeron que si, muchas veces les han limpiado los vidrios.
* Sólo dos personas dijeron que si les gustaba que se los limpiaran, ya que siempre los traían sucios.
* Todos dijeron que en ocasiones si respetaban si decían “no”, pero que era rara la vez que esto sucedía.
* Nadie dijo haberse peleado con algún limpiaparabrisas.
* 17/20 personas dijo que sí les daba dinero.
* Ninguno ha entablado una conversación externa a la situación de limpiar los vidrios.

En la actualidad ser limpia-parabrisas (ser comerciante ambulante) es etiquetado como trabajar de forma ilegal, denominándolo también como “comercio informal”, adquiriendo una etiqueta estigmatizante y negativa, siendo muy poco aceptados e inclusive siendo victimas de agresiones.

A pesar de tener años existiendo, México no reconoce este labor como parte de un trabajo “digno” o “formal”, ya que no cuenta con una regulación por parte del gobierno, no existe algo que lo rige ni que lleve el conteo de cuantos trabajadores son, el ingreso con el que cuentan ni su jornada laboral.

El ser limpiador de vidrios se podría decir que es ser un trabajador y jefe de su propio tiempo, administrando sus horarios y decidiendo dónde y con quien trabajar, no aceptan el sometimiento del gobierno, por lo tanto, son un peligro, desestabilizan la funcionalidad y el control que gobierno desea tener de los cuerpos y sus tiempos.

Este tipo de labores es muy despreciado por una gran parte de la población, siendo considerado como trabajo denigrante y que sólo cierto tipo de personas (el “pobre”) trabaja de esta forma, pero si se analizaran las jornadas laborales y las actividades que las empresas ofrecen, se podría decir que ese trabajo también llegaría a ser indigno; la gente llega a trabajar más horas al día que horas para dormir, durante 6 días a la semana y realizando actividades que no les gustan por un salario mediocre. Digno sería trabajar con un horario justo, días de descanso y realizando actividades que les ayuden a mejorar su autoestima y se sientan útiles laboralmente hablando.

Al momento de la necesidad económica y del deseo de obtener una mayor cantidad de dinero el trabajo “indigno” sería bien aceptado, la única diferencia podría ser el estar regulado o no por el gobierno.

Modificar el significado del trabajo y llevarlo a las calles (ya no solo se puede trabajar en el campo, oficina, bajo contrato o vigilancia de un patrón) y decidir autoemplearse, llega a ser una manifestación que supera la fuerza impuesta de la institución reguladora del trabajo. Butler (2012) menciona que las manifestaciones publicas de masas de personas (trabajadores limpia-parabrisas)  logran superar la fuerza policial (gobierno), generando y disponiendo de recursos para regenerarse a sí mismas, siendo episodios anarquistas que cuestionan la legitimidad de un régimen de trabajo impuesto, “y si yo quiero trabajar en la calle, ¿qué tiene de malo?”.

No existe sólo un limpia-parabrisas, existe toda una comunidad unida, reconocida socialmente, son parte de la sociedad y no pueden ocultarla, dicha alianza posee un poder para reclamar lo público de un modo no codificado por una ley institucional y que nunca podrán hacerlo (Butler,2012).

El trabajo ambulante se vuelve una  manifestación anarquista en contra de la ley establecida para que el trabajo se haga de cierta forma y bajo ciertas reglas, con observación, regulación y por lo tanto control. Tomar la calle y hacer uso de su libertad y de su cuerpo para explotarlo y hacer lo que quieren y no lo que les imponen, obtener fuerza y unión por parte de la alianza generada, es generar empoderamiento social; son acciones que van reconfigurando los espacios públicos y el papel de la política. Ya no sólo es un espacio por el cual los automovilistas transitan, sino que ahora es un área de trabajo.  

Trasladándonos ahora al automovilista, a sus autos y al significado del usar un espacio publico, Fernández (1991), habla de la sociedad como una sorpresa para aquellos que deciden salir del encierro del espacio privado no ser los mismos de siempre, ser alguien ajeno al otro, caminar de forma anónima, llega a dar más libertar de actuar de otra forma. Sin embargo, la presión social de ser aceptado también llega a hacer.

La imagen de un limpia-parabrisas es de alguien sucio, pobre, con una mayor necesidad económica, el trabajador se transforma y juega el papel de un personaje que no necesariamente tiene que ser la realidad que vive fuera de su “área de trabajo”, la imagen del automovilista es de alguien económicamente más pudiente, con mayores libertades y autoridad (aunque esta puede ser una trampa, no necesariamente manejar el auto hace a la persona rey de la calle).

La gente es el espíritu de la ciudad (Fernández, 1991) trazando relatos, imprimiendo impresiones en las paredes, marcándolas con un sin fin de historias, no hay otra forma de pensar mas que en comunitario, el vestirse como pordiosero o identificar cuando alguien te va a lavar el vidrio, son comunicación, quizá no verbal, pero transmiten algo, una historia y un deseo.

Las acciones de las personas dependen todo el tiempo de herramientas, siempre se apoyan de algo, no se puede actuar sin ellos, pero al mismo tiempo se necesita luchar contra ellos para lograr actuar(Butler,2012) , para que un limpia-parabrisas exista y trabaje, se necesita previamente existir una calle, un auto, un semáforo, un “alto” y al mismo tiempo se necesita luchar contra el peligro de la calle y sus baches, la velocidad y fuerza del auto y el “siga” del semáforo.

El automóvil siendo una herramienta de transporte también funge el papel como extensión del espacio publico (como si fuera una parte de nuestro hogar), un auto viene de la mano con confort y facilidades, no debes hacer un gran esfuerzo para trasladarte de una zona a otra y puedes hacerlo desde la comodidad de un auto acojinado y escuchando música, sin compartir tu espacio personal con otras 30 personas en un autobús.
Al igual de las otras herramientas, debemos dejar a un lado al auto, ya que nos aísla del exterior y del convivir con el otro, nos distancia y nos enajena, se vuelve más difícil generar empatía o inclusive simplemente prestar atención, cada vez más se vuelve automático manejar un auto y trasladarse por las calles. Fernández (1991), menciona al auto como parte del análisis de la geografía urbana, una forma de continuar con la privatización del espacio, alterando el patrimonio colectivo que es la calle.

Las tecnologías que posibilitan el movimiento de masas ha dado pie a que la gente no se alcance a concentrar en un solo espacio, a que no tengan algún tiempo de interacción y por lo tanto nada de comunicación; el espacio publico siento deformado y ultrajado por estas herramientas se convierte en esclavo de las mismas, deja de ser un espacio para las personas y se convierte en un espacio para los objetos, al transportarse en autos se mantiene la privacidad de los hogares, no se logra un escenario que promueva la convivencia.

El conductor no debe preocuparse por casi nada, al contar con calles rectas, con líneas divisoras, carillones exclusivos, velocidad regulada, se encasilla a ser un espacio sin vida externa a algún otro conductor, ya no es un lugar para peatones y menos lugar para trabajar, se ha convertido en un lugar exclusivo de una máquina privativa de emociones y contacto con el mundo. Esta “comodidad” irrumpida con la existencia de un limpiaparabrisas, que saca al conductor de su estado de ensueño es la que puede llegar a ser molesta, el tener que “ver” realmente al mundo y tener contacto con la gente, cuando el propósito de andar en auto era el contrario, es salirse de la rutina a la cual ya estaban inmersos.
El aislamiento provocado por la velocidad y las puertas, los pequeños micro-movimientos y la gran vida rutinaria obliga a que el cuerpo se mueva por el espacio de forma pasiva, en un área fragmentada, el deseo de liberar al cuerpo de las resistencias, unido al temor de rozarse con el otro genera una división que es más fácil de marcar, todo nos lleva a pensar que la vida cotidiana nos dirige a minimizar el contacto entre personas.

Las personas rehúyen a cualquier forma de interacción que provoque salirse de la rutina.

A pesar de esto, el espacio público y sus usuarios originales, las personas, luchan por mantenerlo con vida, puede que reúnan lo público con lo privado, puede que excluya o forcé ciertas prácticas, pero esto hace al mismo tiempo que se reúna la razón y la pasión, las reglas de las instituciones y la desobediencia de los sujetos, llevando a una comunicación forzada, que si bien no es verbal, los objetos que se utilizan y la forma en cómo son utilizados, llegan a entablar una conversación con el otro.


La comunicación no tiene clases ni distinciones, todos tienen acceso a ella y al mismo tiempo nadie se escapa de escuchar, en el caso de los limpiaparabrisas es, “te chiflo o te ofrezco lavarte el vidrio”, “te hago la señal” o simplemente “te echo el jabón y comienzo a trabajar”, al igual que el conductor responde diciendo que si/no, grita, hace alguna seña/mueca, se queda callado(o) alguna otra cosa.

Los resultados de las intervenciones fueron que en  caso, un automovilista nos dio $5 pesos, había otras ocasiones en que también intentaban darnos dinero, pero más que cobrar se les pedía un pulgar arriba o pulgar a bajo, dependiendo si les había gustado o no la intervención, nos tocaron puros pulgares arriba.

Previamente mencioné que pareciera que a los automovilistas no les agrada la interacción social con otro individuo peatón que los haga salir de su rutina y que sentían un especie de ultrajo al momento de que un limpia-parabrisas apareciera, sin embargo,  pareciera que este distraer del “siempre es una persona que me quiere “ensuciar” mi auto, se vuelve agradable cuando les llega una sorpresa, pero que de alguna forma no es tan intrusiva a como lo sería llegar a lavar el vidrio.

A continuación se muestran algunas de las fotos generadas dentro de la investigación-intervención.


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SENNETT, Richard (1994). Carne y piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental. Madrid: Alianza.
FERNÁNDEZ CHRISTLIEB, Pablo (1991). El Espíritu de la calle. Psicología política de la cultura cotidiana. Barcelona/Querétaro: Anthropos/UAQ, 2004. [Biblio: 320.019 FER]
BUTLER, Judith (2012). "Los cuerpos en alianza y la política de la calle". En revista Transversales, no. 26, junio 2012.

1 comentario:

  1. Difícilmente se considerará el oficio de limpiaparabrisas como un oficio digno, en tanto que la existencia de este oficio es debida a la falta de condiciones de vida digna para gran número de personas en nuestro país que han de sub-emplearse para sobrevivir.

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