lunes, 8 de diciembre de 2014

El tercer encuentro de lectores


El tercer encuentro de lectores

Hace unos pocos días, navegando en la red de la gran “f” blanca sobrepuesta a un cuadrado azul, encontré un anuncio publicitario de una librería, que os compartiré. Me hizo gracia y creo que viene mucho al tema:

“Gente que quiere un romance como el de Romeo y Julieta, sin saber que fue un romance de unos pocos días y varios muertos... ¡Hay que leer!”.


Los días 3 y 4 del pasado mes de octubre se celebró en Casa ITESO Clavigero el Tercer Encuentro de Lectores. Bajo el lema y primicia que reza “Todos somos, de alguna manera, lectores”, se trata de una iniciativa en la que se promueven, se crean y se recrean espacios para este fin, el de la lectura. Interesante, sí, pero ¿qué tiene que ver esto con lo político?




Con actividades como lectura en voz alta, juegos de palabras, ejercicios de flashmob, concursos y charlas, y en una atmósfera entusiasta y distendida, artistas de distintas disciplinas, como escritores, músicos, poetas, guionistas y pintores, compartieron sus obras, experiencias, conocimientos y vivencias, con la lectura acompañando y estructurando no sólo su trabajo, sino también parte importante de sus vidas. Acudí a la cita del día 4, a medio día, y alancé la lectura en voz alta, por parte de las escritoras Cecilia Magaña y Mariana Calderón, así como la actividad “Adopta un libro”.

En la primera de estas dos actividades en que participé era para niños, pero bueno, yo tengo 10 años más 12 de experiencia, entonces estuvo muy bien. Ya en serio, me parece muy interesante y valioso el que se haya considerado como parte muy importante en la estructura del evento a los niños, pues ellos serán los actores del mañana y se espera que, en el proceso de devenir actores, sean lectores primero (y que sean lectores toda su vida). La forma en que ellas abordaron a los más pequeños, lanzando preguntas a ellos y con diferentes recursos como títeres y música, realmente captó la atención de ellos y los involucró. En la segunda actividad, alcancé el último libro que había, Una mañana cualquiera, publicado por el IFE y armado de una manera muy llamativa, puesto que la historia la construía el lector, al tomar decisiones al final de cada página que te llevaría por caminos diferentes. Ya le di su buen uso en mi proyecto, en el que trabajo con niños.

Dyson (1997) entiende a una persona alfabetizada como aquella que utiliza la lengua escrita para participar en el mundo social, y aprende a manipular el lenguaje escrito de manera “deliberada e intencional para participar en eventos culturalmente valorados y relacionarse con otros”. En este sentido, esto anterior no hace más que reforzar la necesidad de conocer y saber emplear lo escrito, en este caso, como agente facilitador de los procesos de socialización, si se quiere ver más desde un lente de la psicología educativa o la psicología del desarrollo.

Me agrada bastante esto de la recuperación de citas para darle un poquito más de fondo a los textos (y que conste que no es, en ningún caso, una forma de darle volumen, inflar y nada más). Jesús dijo a sus discípulos (en un contexto determinado en el que no ahondaré): “la verdad os hará libres”. Muchos, muchos años después, Thoreau aseveró: “antes que el amor, el dinero, la fe, la fama y la justicia, denme la verdad”. Hay muchas formas y se pueden recorrer muchos caminos para acercarse (¿y llegar…?) a la verdad. No
estoy seguro de a qué punto se llega, pero sí sé que la lectura nos puede dar certezas y directrices para conocer, construir, pensar, sentir, decir y hacer en el mundo y con los otros. La frase publicitaria que compartí al principio de esta breve reseña tiene que ver entonces con esto, aunque sea un poquito…




Durkheim, citado en Moscovici (1979) dejó la idea de que “un hombre que no pensara por medio de conceptos no sería un hombre; puesto que no sería un ser social, reducido solamente a las percepciones individuales, sería indiscriminado y animal”. Yo no le veo muy descabellado.

El acto y efecto de leer es, ha sido, y será tan elemental en nuestras vidas como el comer. Las letras están, literalmente, hasta en la sopa. No hay momento en el día en que no estemos en contacto, ya sea por placer o por obligación, con la palabra. En el restaurante checamos (leemos) la carta para ver de qué son los tacos y a cuanto el combo. En la calle, estamos expuestos (y leemos, sin querer, queriendo) a los anuncios publicitarios y así nos enteramos que van a venir el mes que entra Polo Polo, Ricky Martin, y en diciembre, Gloria Trevi. En el súper, tenemos los señalamientos que seguimos (leemos) para encontrar el departamento de carnes frías, o bien, en los estantes, con dos productos -similares pero diferentes en el empaque y la marca- en la mano, inspeccionamos cuidadosamente sus etiquetas (leemos) para ver cuál nos convence más (con esto de ser estudiante, muchas veces no hay mucho que elegir o pensar, te llevas el más barato y se acabó). 

No estructuramos y conocemos a través de lo que ya conocemos y de los conceptos.

Considero que el objetivo de fondo va más allá y está lejos de fomentar y promover una sociedad que esté enterada y consciente, que marche y que comparta, que difunda en las redes sociales, que se consterne, se preocupe, se escandalice y no normalice… Es importante todo esto, sí, pero más bien necesitamos de una sociedad que piense, que tenga una reflexión crítica, que experimente, que sienta, que LEA, que lea entre líneas, que entienda, que se comunique, que empatice y empate, que haga acuerdos y equipo, que respete y tolere, que se apasione, que luche, que sea justa, incluyente, equitativa, igualitaria, coherente y congruente, que se unifique, que se revalorice, que participe activamente, que sepa, que sepa que tiene poder para hacer cambios y que los busque, que los haga… que politice y se movilice. A lo mejor me emocioné mucho en esta parte, una disculpa. No sé si sea mucho pedir, pero, por mi parte, voy a hacer lo que me toca. Y es que hay que poner la mejor versión de uno mismo sin esperar a que el otro haga lo propio para que me motive a mí a hacerlo.

La lectura es, fuera de toda duda, un vehículo intelectual, emocional, pero también un medio político –afortunadamente, para lo bueno y, desgraciadamente, también, para lo malo-, que nos puede llevar a conocer, politizar, y en base a esto, actuar con principios, bien encausada, de manera consciente y congruente. 



Referencias Bibliográficas:

Dyson, A. (1997). Writing superheroes. Contemporary Childhood, Popular Culture and Classroom Literacy. Nueva York: Teachers College Press.

Moscovici, S. (1979). El Psicoanálisis, su imagen y su público. Buenos Aires: Editorial Huemul.








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